Encerrado

El fin del mundo se suponía sería el 06–06-2006. Sin embargo el mundo acabó para mí dos días antes, cuando arranqué el plástico que cubría El Libro, abrí sus páginas y fui encerrado en La Torre.

A partir de ese momento, la realidad cambió. El mundo se movió, como diría Roland de Gilead. Mis percepciones se redujeron un grado de intensidad, ya que aunque sigo aquí en realidad estoy allá, esperando el momento de regresar a Él, sentir el olor de sus páginas y perderme nuevamente en el Camino del Haz.

No durará mucho, claro está. Sin importar que tan bello sea el paisaje bajo el agua, no se puede estar mucho tiempo sin respirar. Además, cada vez quedan menos páginas entre mí y el final. Y claro, la noche huele bien, y la luna brilla altiva en el cielo y exige de mí algo más que mi atención disminuida.

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