Miedo

El miedo era un buen consejero en los tiempos en que debíamos mirar por encima de nuestros hombros para evitar que el tigre nos devorara. Pero ahora, aun cuando podría haber tigres –y muy peligrosos- detrás de cada esquina, tomar decisiones aconsejados por el miedo es un pecado contra la vida, y es la forma más sencilla de negarnos la felicidad.

No se trata de no sentir miedo. El miedo es inevitable, y necesario. Se trata de no permitir nunca que sea el miedo el que nos haga decir que no. Los he escuchado tantas veces que ahora los odio: el miedo a que nuevamente me rompan el corazón, el miedo a que el negocio fracase y me deje sin nada, el miedo a que el cable se rompa al tirarme del puente…

No son correctos, están inherentemente mal. Es instinto de supervivencia degenerado, es buscar la paz donde no se encuentra.

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