Dudar

Noches claras de días oscuros, propósitos que se diluyen en la luz fluorescente. El conocimiento se vuelve dudoso en tardes quieras, casi congeladas, como esta.

Comienzo a dudar. ¿Y cómo estar seguro de mis seguridades si he perdido toda confirmación objetiva? Y, en realidad, ¿qué me hace tan distinto? ¿Un sueño por el que luché, y que ha quedado sumergido en el pantano de la espera y la fe perdida? ¿Un camino que (quizás) recorreré y que (quizás) me llevará al norte donde (quizás) me haré un doctor en filosofía?

Y si funcionan los quizás, ¿seré una mejor persona? Quizás no. ¿Seré más feliz? Seguramente no, probablemente al contrario.

Tengo miedo, mucho miedo, de perderme en los caminos y los quizás, y dejar de existir, como ya parece estar sucediendo.

Sombras, sombras y arena que se escapa entre los dedos. Eso tengo, eso me queda. Bonitos recuerdos, que el tiempo cubre de polvo. ¿Aún quedará algo de aquel que fue besado bajo la luna llena, de aquel a quien alguien se entregó por completo, de aquel que fue buscado un lunes de tristeza?

Y qué decir de aquel que escribió un plan de negocios que ganó 25 millones de pesos, de aquel que comió rodizio en Sao Paulo, de aquel que en Medellín afirmaba que sí se podía. ¿Es aún?

Al parecer soy bueno para crear falsas expectativas.

Estoy asustado, muy asustado, porque los últimos restos de aquello de lo que estaba orgulloso están en riesgo, y podrían desaparecer en los próximos meses. Y si eso sucede, entonces, simplemente, no quedará más de mí.

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