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El Triunfo de una Idea

Se supone que no se debe juzgar un libro por su portada, pero con ésta fue amor a primera vista:

Evolution - The Triumph of an Idea - Thumb

 

Y no me equivoqué al juzgarlo. El libro es una completa y hermosa historia sobre la evolución, su surgimiento como idea, y sus consecuencias.

Me gustaría pensar, tal como al autor le gustaría, que la evolución ha triunfado por fin, y se ha ganado el puesto que merece en la historia de la humanidad como el más grande descubrimiento científico de las ciencias de la vida, pero tal como escriben en su introducción, en la medida en que se acumulan más evidencias para respaldarla, crece la virulencia con la que es atacada.

‘No creo en la evolución’ es algo que he escuchado muchas veces. Pero esta frase tiene un importante error en su construcción. La evolución no es una creencia, es un hecho científico. La diferencia es clara: Las creencias se construyen con fe, los hechos científicos con pruebas. Las creencias no necesitan pruebas, los hechos científicos no necesitan fe. Tomaré un fragmento de la introducción:

“Las tareas de la ciencia son dos: determinar, lo mejor posible, el carácter empírico del mundo natural, y determinar por qué nuestro mundo opera como lo hace y no de otra forma. Es decir, la ciencia especifica hechos y valida teorías. La ciencia, como los mismos científicos solemos afirmar, no puede establecer verdades absolutas, y por esto nuestras conclusiones siempre permanecen tentativas. Pero este saludable escepticismo no puede extenderse al punto del nihilismo, y nosotros podemos establecer que ciertos hechos han sido comprobados con suficiente confianza y pueden designarse como verdades en todo el significado legítimo y vernacular de la palabra. (…) La evolución, el concepto organizador básico de todas las ciencias biológicas, ha sido validado hasta este punto, y por eso puede designarse como verdad o factual.

[…]

Más generalmente, tomando la ‘ducha de agua fría Darwiniana’ y mirando una realidad factual a la cara, podemos finalmente abandonar la falsa esperanza cardinal de las edades: que la naturaleza factual puede especificar el sentido de nuestra vida validando nuestra inherente superioridad, o probando que la evolución existe para generarnos en la cumbre del propósito de la vida. En principio, el estado factual del universo, cualquiera que este sea, no puede enseñarnos cómo debemos vivir o qué deben significar nuestras vidas, porque estas cuestiones éticas de valor y significado pertenecen a diferentes ámbitos de la vida humana, como la religión, la filosofía o los estudios humanos. (…) Los hechos son solo hechos, en toda su fascinación, su prístina belleza, y, en ocasiones, su infortunada necesidad (la vejez y la muerte son ejemplos obvios), y la rectitud ética, o el significado espiritual residen en otros dominios de la curiosidad humana.”

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