Cuento con Muerte

Había un rey muerto hace muchísimo tiempo. Hace parte de una leyenda antigua y olvidada que hablaba de maldiciones, tesoros y dragones, castillos majestuosos y abundantes fantasmas. Lo usual. Pero este rey no era como cualquier otro rey de cualquier otra leyenda. Este rey estaba muerto, siempre lo estuvo. La muerte no lo alcanzó al final de su vida, sino al principio. Era inherente a él, flotaba a su alrededor, le pertenecía. Su palidez era más que mortal, su semblante era más que cadavérico, este rey no existía, pero reinaba.

Esto es una leyenda, claro está; pero se dice que durante su reinado en el reino hubo más vida que nunca. El país prosperó, los graneros se llenaron y no había enfermedad. Algunos decían que esto era así porque el rey era justo e inteligente, pero esa no era la única razón. Otros decían que el sacrificio de un rey es el honor más alto y poderoso que se puede hacer a las deidades y que este rey se inmolaba a sí mismo día tras día. Quizás, pero la verdadera razón es un poco más sencilla, pero mucho más compleja: La Muerte estaba enamorada del rey. Y al estarlo no pudo pensar en nada más. Fue solo para el rey y no miró a ningún otro ser. E iba a su rey cada día y lo mataba, pero nunca por completo, para no tener que enviarlo a la eternidad y alejarlo de su lado. Nunca se supo si el rey amó alguna vez a la Muerte, pero cada día la recibía con los brazos abiertos y le entregaba un trozo más de su vida. Y la Muerte le regalaba lo más precioso que podía dar: la paz. El rey muerto jamás sufrió, todo fue tranquilidad para él.

Sin embargo, aún para la Muerte el Destino es irrevocable y llegó el día en que tuvo que quitarle el último aliento de vida a su rey. Murió por fin, en brazos de la Muerte, como mueren todos los mortales, pero como ninguno otro mortal murió. Un desgarrador y eterno lamento se escuchó por todo el reino y de repente, comenzó a nevar.

La Muerte se vistió de blanco, el blanco más puro que se haya visto jamás, y negras lágrimas de dolor corrieron por sus mejillas y cayeron en la nieve. Sufrió la Muerte, como nunca antes, como tantos otros habían sufrido: sufrió por la muerte. Y como a ellos, trató de decirse lo que conocía tan bien: Es maravillosa la Eternidad, es encontrarse con el creador y permanecer por siempre a su lado, es unirse con el Universo y ser feliz. Pero eso no la consoló. Compartió el dolor de los mortales, compartió el deseo de morir al lado del ser amado, y para ella fue peor porque, simplemente, no podía morir.

Miles de personas asistieron al funeral, pero todos se alejaron al verla venir, con sus vestiduras blancas y lágrimas negras, caminando lentamente sobre la nieve fresca; tan lentamente como solo la Muerte podría caminar. Se detuvo frente al cuerpo, besó por ultima vez sus labios inertes, desplegó sus alas y levantó el vuelo hasta perderse en el horizonte, y una lluvia de mariposas muertas cayó sobre la tumba y la cubrió por completo de color.

El invierno se prolongó por meses, regresaron al reino la carencia, el dolor y la enfermedad, y la Muerte continuó su camino, llamando a su seno a quienes ya habían vivido demasiado y, como siempre, mató sin odio ni rencor, llevando simplemente la muerte a quienes antes habían recibido la vida. Sin embargo, una sombra quedó en su corazón, algo dentro de su alma había muerto y no era posible volver atrás. Pero esa sombra valió la pena; la Muerte fue humana durante preciosos instantes; vivió un sueño, un hermoso sueño que no debió ser, un sueño en contra del Destino, del que tuvo que despertar.

Pero ese sueño permanecerá por siempre en el recuerdo de un ser inmortal que no puede olvidar y en el alma de un rey muerto que recibió de su amada el regalo de la eternidad.

Esta leyenda de amor y muerte es, en realidad, como cualquier otra leyenda, o como cualquier otra historia de dos seres condenados a dos destinos: amar y morir. Solo cambian los protagonistas y, quizás, un poco la trama; pero el final es el mismo, se encuentra inscrito en nuestra esencia de seres humanos: amantes, mortales y eternos.

2000

2 comentarios »

  1. Anónimo Said:

    yo quiero el cuento de la muerte y el rey

  2. tania Said:

    yo thanbien quiero la muerte y el rey


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